miércoles, 16 de enero de 2019

Brotes verdes en una derecha desarticulada



En “La Segunda” del 04.01.19 venía una carta de la vicepresidenta de la Juventud de RN, Francisca Richards, que decía: “El retorno del pinochetismo es sin duda un retroceso para la derecha, en términos políticos, valóricos, ideológicos e incluso electorales. No hay nada más nefasto que revivir un pasado tan oscuro como las terribles violaciones a los derechos humanos, todas injustificables y aberrantes. Hace tiempo que RN se desvinculó del pinochetismo y derogó de su declaración de principios toda alusión al régimen militar del dictador”.

Esa carta la suscribiría con gusto alguna vicepresidenta de las Juventudes Comunistas. Por otra parte, el “alejamiento” de RN de Pinochet, que ella acusa, fue puesto en duda hace poco cuando, en un reciente consejo general, su diputada Camila Flores se declaró pinochetista y resultó ovacionada.

Pero es verdad que la corriente dominante en el país va en el sentido de la carta de Francisca Richards. En la revista “Sábado” de “El Mercurio”, la ministra mejor evaluada del gabinete, Isabel Plá, confiesa que hoy votaría “No” en lugar de “Sí”, como lo hizo en 1988. Bueno, “era que no”: el Presidente que la designó es del “No”. Pero Isabel Plá pertenece a la UDI, partido al cual emigró desde RN (es de suponer que cuando esta última excluyó de su declaración de principios el reconocimiento al Gobierno Militar, cosa que la UDI aún no hace, aunque ya a nadie le extrañaría que lo hiciera, dado que forma parte del séptimo gobierno del “No” en 28 años).

Con todo, es un hecho que la corriente dominante extiende cada vez más sus tentáculos, hasta a la Universidad Católica, donde se incoa un proceso contra un connotado académico del “Sí”, el abogado Gonzalo Rojas Sánchez, tras una denuncia persecutoria en su contra de alumnos de izquierda que la Secretaría General de la Universidad ha acogido a trámite y dilatado en términos inexplicables. El profesor objeto de esta vendetta política ha impartido clases desde hace 43 años y formado parte del Consejo Superior durante 22.

Es que Gonzalo Rojas, también columnista de “El Mercurio”, es un hombre de derecha absolutamente consecuente (jamás ha votado por Piñera, con eso lo digo todo) y ha llegado a extremos de temeridad política, como el de recomendar, en su más reciente columna, la lectura de mi último libro, “Historia de la Revolución Militar Chilena 1973-1990”, cuya tercera edición espero llegue a librerías a mediados de enero, pese a que la prensa, con la excepción del citado columnista y una breve crónica de julio pasado del mismo diario, no lo ha siquiera mencionado.

      Claro, ese libro, en efecto, podría llevar a la cárcel a su autor si se aprobare la ley que castiga el “negacionismo”, pues prueba con documentos oficiales que el régimen militar respetó los derechos humanos, como que los garantizó tanto en su “Declaración de Principios” de 1974 como mediante circulares a sus dependencias uniformadas, que el texto reproduce, ordenándoles abstenerse de toda conducta atentatoria contra los derechos de las personas.

       Más todavía, el libro demuestra que hubo garantías internacionales de respeto a los derechos humanos ofrecidas por Chile y derivadas de que, si no se cumplían, se interrumpía el flujo de créditos y la venta de armamentos al país. El Gobierno Militar era, por ello, el primer interesado en evitar acusaciones de violación de los derechos humanos, pero a la vez enfrentaba un terrorismo implacable, patrocinado por el comunismo internacional, al cual debía combatir so pena de sucumbir. Pero el presidente de la Cruz Roja Internacional podía tener acceso a cualquier lugar de detención en Chile sin necesidad de autorización previa. Todo eso desmiente la acusación de una supuesta política de “terribles violaciones a los derechos humanos” a que alude la joven Richards, evidenciando que su cerebro ha sido tan escrupulosamente lavado como el de algunos dirigentes, parlamentarios, ministros de su partido y, desde luego, el del Presidente que ese partido contribuyó a elegir.

       No obstante lo anterior, el gobierno norteamericano encabezaba en 1978 ante la ONU la acusación contra el chileno de violar los derechos humanos, justo cuando en Chile reinaba la paz interna y en el mismo año caían apenas ocho personas en el curso de la lucha antiterrorista. Por contraste, en “El Mercurio” de hoy, p. A12, se informa que los norteamericanos dieron muerte sin forma de juicio y mediante una bomba en Yemen al terrorista Jaman-al-Badaui. Por acciones como ésa, que hoy los cerebros lavados describen como “terribles violaciones a los derechos humanos”, nos acusaban hace cuarenta años los propios autores de la expresión “double standard”.

       Naturalmente, este último y el lavado cerebral masivo tienen consecuencias políticas. La rendición incondicional de los partidos de derecha ante la mentira histórica da lugar a que en este momento haya en gestación tres nuevos partidos de derecha y representativos del “Sí”: el Partido Independencia de Valparaíso, el Partido Republicano, encabezado por militares en retiro; y Fuerza Nacional, liderada por el abogado Raúl Meza, connotado defensor de los Presos Políticos Militares. Además, un conocido oficial en retiro propone fundar otro exclusivamente formado por sus iguales y dedicado a defender a sus camaradas ilegalmente presos o procesados y que contaría con el voto unánime de la “familia militar”. Todo lo anterior aparte del movimiento Acción Republicana de José Antonio Kast, respaldado por decenas de miles de firmas, que por el momento ha renunciado a constituirse como partido.

       La verdadera derecha a veces da la impresión de que agoniza, pero no muere. El viejo tronco conservador pierde sus ramas más débiles y más proclives a inclinarse ante la dirección del viento, pero surgen otras nuevas y más sólidas para seguir defendiendo el ideario de la sociedad libre y de la ley y el orden; de la verdad histórica y del debido proceso a los presos políticos. Y no por nada su más destacado exponente encabeza las encuestas presidenciales de la actualidad.

                                                                                                                  Hermógenes Pérez de Arce

jueves, 20 de diciembre de 2018

Conflicto del Beagle: las inéditas imágenes de un diciembre tenso

Por Sergio Rodríguez y Héctor Basoalto






A fines de 1978 era inminente un conflicto armado entre Chile y Argentina. Ambas FF.AA. se movilizaron. Actualmente, el Ejército prepara varias producciones para destacar y recordar a los soldados en la frontera.


El 22 de diciembre de 1978. Al amanecer. Tipo 4.30 horas. Con el sol “en contra”, o “a favor” si se lo considera desde el punto de vista trasandino. Ese era el día teóricamente previsto para la invasión militar de las fuerzas armadas de Argentina a las islas Picton, Lennox y Nueva. Todas pertenecientes al territorio chileno y ubicadas al sur del Canal Beagle, en la Región de Magallanes, debajo de Tierra del Fuego. De cara al Cabo de Hornos.
Fueron días tensos. En rigor semanas, meses. Un nudo ciego que parecía no destrabarse. Uno de los momentos del siglo XX en que Chile estuvo más cerca de un conflicto armado. A horas, de hecho, según se ha reconocido después. Con todo el despliegue -y la mitología- que eso significa. Hasta que la intervención del Vaticano, con el Papa Juan Pablo II a la cabeza y el cardenal Antonio Samoré en las negociaciones directas, calmaron las hostilidades y condujeron al Tratado de Paz y Amistad de 1984.
Este artículo tiene un foco particular. Contiene fotos inéditas de las tropas que el Ejército desplegó aquel 1978, no solo en el sur del país sino también en la frontera norte, ante la llamada HV3 (Hipótesis Vecinal 3), respecto de la posibilidad de tener un enfrentamiento simultáneo con los tres países vecinos. Trincheras en Tierra del Fuego, los viejos tanques M-41 en la frontera, la infantería dispuesta, tarjetas de Navidad anónimas para apoyar a los soldados. El baúl de los recuerdos del 78.



Estas fotos, además, son parte de los preparativos del Ejército para conmemorar los 40 años del Conflicto del Beagle, con una serie de producciones que buscan destacar a los miles de chilenos movilizados. “Para recordar estos 40 años del Conflicto del Beagle, la institución ha querido rendir un sentido homenaje a los miles de compatriotas que con honor, valentía y coraje se aprestaron a defender a la Patria en una de las zonas más inhóspitas de nuestro país, dando cuenta del compromiso y entrega que representan los soldados del Ejército”, señaló el jefe del departamento comunicacional del Ejército, coronel Roberto Ovalle.

En lo fundamental, esta rama castrense difundirá el libro Los soldados del Beagle 1978: testimonios a 40 años del laudo arbitral, con historias en primera persona de los efectivos, además del documental Los soldados del Beagle, que relata la visión histórica y testimonial de lo que significó la movilización de miles de jóvenes en la frontera austral, basado en entrevistas en Puerto Natales y Punta Arenas. Las recopilaciones serán difundidas en colegios y bibliotecas públicas de todo el país.

Sensaciones térmicas
Aquel diciembre la guerra parecía inevitable, luego de que Argentina desconociera el laudo arbitral del Reino Unido, de 1977, que declaraba el Beagle navegable para ambos países y las islas Picton, Lennox y Nueva bajo soberanía chilena.

El momento político también era especial, con ambos países dirigidos por regímenes militares. Augusto Pinochet era el presidente de Chile y Jorge Rafael Videla su par de Argentina.

El estilo de cómo llevar el conflicto, sin embargo, fue diferente. En la nación trasandina se lo publicitó abiertamente. Los soldados que iban al sur eran despedidos en trenes y barcos por multitudes. Las autoridades publicaban bandos y daban entrevistas. En Chile, en cambio, todo se hizo en silencio. Sin difusión. Las tropas se trasladaron de noche.

Manuel Cáceres, por ese entonces cabo 2° y artillero en Tierra del Fuego, recuerda que “habían sido muchos meses preparándonos para eso. No teníamos en la mente ser derrotados”.

Francisco Niño, en tanto, quien en 1978 era subteniente y comandante de pelotón de morteros, se acuarteló en el norte, para la línea defensiva del Desierto de Atacama: “Estábamos muy conscientes de que la cosa iba a ser dura y que nos iba a tocar pesado, muy pesado”.



Por el lado argentino, La Tercera conversó con el coronel de Ejército Jorge Alejandro Delmé, quien asistió, hace dos semanas, al encuentro de coordinación para el Ejercicio Conjunto Solidaridad 2019. “Los dos países tenemos intereses comunes. Ha habido una evolución muy positiva de las relaciones. En mi caso particular, yo participé en el 2000 en un ejercicio similar y en 2010 tuve el gusto de hacer el Cruce del Bicentenario. Creo que existe una tradición de camaradería y amistad con las Fuerzas Armadas chilenas”.

Añadió que “por más que hayamos tenido épocas complicadas, ese destino y natural amistad se traduce en la relación que hoy tenemos”.

¿Quién ganaba? Para el analista de defensa Eduardo Santos hay muchos elementos en el análisis.

“En un enfrentamiento armado puedes medir las capacidades militares, como el equipamiento, efectivos y armas, y la posición estratégica. En el caso del Beagle, en primer escenario habría sido la batalla naval por las islas. Chile estaba en desventaja, con 16 misiles Exocet MM-38 en la flota, ante 24 de los argentinos. Pero, para mí, el resultado era incierto. Ellos tenían más recursos, pero no para un desembarco efectivo”, indicó.

Agregó que “la aviación trasandina de entonces sí era mucho más potente que la nuestra, con aviones Mirage, A4 y Camberra; y su ejército también estaba mejor apertrechado. Pero Chile amenazó con una respuesta a lo largo de toda la frontera, dejando en claro que no sería una guerra localizada solo en el sur”.






Fuente: La Tercera








miércoles, 21 de noviembre de 2018

La primavera de los patriotas

Con la llegada de septiembre los ánimos tienden a cambiar. Los mayores nos ponemos alegres, mal que mal… pasamos agosto. Los más jóvenes se complacen porque ven, en este periodo, feriados, aguinaldos, circos, paradas y ramadas… Septiembre esta marcado por la primavera y por las muchas cosas que como país nos han ocurrido en esta época del año.

Por eso es que, sin caer en chovinismos, siento un moderado optimismo ante la situación política de nuestro atribulado país. Abrigo la esperanza de que septiembre y la primavera nos generen un “rebrote” de las energías positivas.

Es cierto, el país está funcionando por inercia: el apoyo al gobierno no supera el 15%, con lo cual la ciudadanía advierte que vamos a la deriva; los políticos están absolutamente desprestigiados y los partidos fraccionados por la falta de voluntad política y de entereza para cimentar iniciativas que vayan más allá del provecho de “pandillas políticas”. A pesar de todo, atisbo que algo puede pasar para que nos vuelva a gobernar la razón, la inteligencia, la estatura, la generosidad, el sentido común y los intereses de la ciudadanía.

¿Será que la primavera es una oportunidad propicia para remozarse y para movilizar voluntades? Puede ser, pero más creo que las circunstancias que vive el país, donde no hay dos diagnósticos (no conozco a nadie que diga que vamos por buen camino), piden a gritos, acciones novedosas, creativas, positivas, que no sean meros contubernios que en definitiva no cambian nada. Me resisto a la apatía: creo que llegó la hora de la acción.

Indiscutiblemente, no hay soluciones mágicas, ni liderazgos mesiánicos. El camino es otro, debemos constituir redes que, al igual que pequeños arroyos, confluyan entre todos en un “gran torrente ciudadano” capaz de cambiar el curso de los hechos. Tenemos importantes oportunidades en el horizonte. Dos elecciones, una de carácter local, en las que debemos hacer sentir en ese primer nivel el efecto de este “zumbido de descontento” para que quienes nos han dado vuelta la espalda… sientan el costo de su traición.

La segunda oportunidad serán las elecciones parlamentarias y presidenciales, y ese es el momento en el que las redes deben alcanzar su máxima intensidad… Será entonces cuando los “fastidiados partisanos”, constituidos en tramas independientes, no partidistas, y en un tejido ciudadano sin personalismos, podamos hacer valer los principios y valores de la libertad, la verdadera democracia, el libre emprendimiento, el respeto al orden, a la autoridad y a la pluralidad.

Vivimos momentos cruciales, ¡primaverales!, y por eso esta es la oportunidad para que, sin intereses personales, nos unamos en infinitas pequeñas redes que luchen por las soluciones verdaderas a los problemas que afectan a nuestra sociedad. No se necesitan nombres, firmas, fichas ni militancias, solo es necesario tener valores y principios que reconozcan que en las opciones sordas y soberbias de hoy no está la solución ni la respuesta a nuestras contrariedades.

Estas “primaverales redes de patriotas” deben ser la nueva fuerza política nacional, única acción sensata que, nutrida desde la base, se constituya en una histórica y democrática “primavera de los patriotas”, insuperable camino ante tanto engaño, tanto oscurantismo, tanta incoherencia y tanta confabulación de aquellos que tuvieron en sus manos la posibilidad de hacer crecer al país.

Cristián Labbé Galilea.