sábado, 3 de noviembre de 2018
viernes, 2 de noviembre de 2018
Carta del general Núñez al ministro Espina
Santiago, 18 de octubre de 2018
SEÑOR MINISTRO DE DEFENSA NACIONAL
DON ALBERTO ESPINA OTERO
PRESENTE
Sr. Ministro Espina:
A raíz de una ceremonia interna en la Escuela Militar, en que el hijo del brigadier Miguel Krassnoff Martchenko, del mismo nombre de su progenitor, agradeció por su intermedio una polera que le hicieron llegar a su padre ex alumnos, militares (R) y civiles, como reacción Ud. pidió a quienes fueron oficiales del Ejército de Chile “que lo cuiden, que no lo ocupen para causas personales”.
Sus expresiones como ministro de Defensa no se las puedo aceptar como ex integrante de nuestra Institución. Y, al respecto, quiero aclararle lo siguiente que Ud. debiera saber, atendida su alta investidura:
1. Los miembros del Ejército de Chile en retiro no “fuimos” oficiales o suboficiales. A diferencia suya, que será ministro mientras cuente con la confianza del Presidente de la República o termine el Gobierno, seremos militares hasta la muerte y nos despedirán como tales.
2. Es una falta de respeto advertir al personal retirado que “no ocupemos el Ejército de Chile para causas personales”. Esa es una ofensa. En mi carrera militar -que terminó hace algunos años- no conocí a ninguno que procediera como Ud. lo afirma, y la justicia resolverá como corresponde en aquellos casos que pudieran haberse apartado de esa línea. Por lo tanto, a título personal, no le acepto que “dispare a la bandada” como torpemente declara.
3. Nuestras causas siempre han sido las causas de Chile, y no me referiré intencionadamente al Gobierno Militar. El Ejército de Chile, el cual UD. pide que “cuidemos”, se cuida solo, con su historia, sus tradiciones, sus reglamentos y leyes, y el espíritu y entrenamiento de sus hombres.
Lo que les interesa a sus hombres por sobretodo es “cuidar a Chile” y estos viejos, a los cuales Ud. hoy pretende aleccionar, no dudamos un instante en la década del 70, arma al brazo en la frontera, frente a tres países, en las trincheras, respirando en vivo y en directo el aliento real de la guerra, estar dispuestos a no ceder un centímetro de nuestro territorio, protegiendo a todos los chilenos sin distinción y entregar nuestras vidas por ello, y quizás UD. ni siquiera lo supo y pocos chilenos conocieron de nuestro sacrificio.
Señor Ministro, los militares en retiro somos la experiencia y el cable conductor de la historia castrense, somos la madeja invisible que nadie conoce pero que nos une a nuestros camaradas activos a través de nuestros hijos, nietos, hermanos, descendientes, todos militares, creando la ligazón que entregamos a las actuales generaciones para que el Ejército siga siendo el Ejército de Chile; ni el “Ejército de Pinochet”, ni el “Ejército de la Dictadura”, ni el Ejército de ayer o el nuevo Ejército, como lo moteja fanfarrónamente un antecesor suyo, ex cadete y hoy “cucalón”, que se ufana, en cuanto medio de comunicación, en hablar de la Escuela Militar pero que no aprendió nada de la lealtad al Ejército.
Es el Ejército de Chile. El Ejército eterno.
No ofenda ni venga a dar lecciones a los viejos soldados.
Importantes sectores internacionales buscan el desprestigio y el quiebre del Ejército, y la campaña es fuerte.
Ahora usted es parte de las Fuerzas Armadas, de todas, activos y retirados... cuídelas. Es su misión.
Saluda atentamente a Ud.
General (R) Hernán Núñez Manríquez
SEÑOR MINISTRO DE DEFENSA NACIONAL
DON ALBERTO ESPINA OTERO
PRESENTE
Sr. Ministro Espina:
A raíz de una ceremonia interna en la Escuela Militar, en que el hijo del brigadier Miguel Krassnoff Martchenko, del mismo nombre de su progenitor, agradeció por su intermedio una polera que le hicieron llegar a su padre ex alumnos, militares (R) y civiles, como reacción Ud. pidió a quienes fueron oficiales del Ejército de Chile “que lo cuiden, que no lo ocupen para causas personales”.
Sus expresiones como ministro de Defensa no se las puedo aceptar como ex integrante de nuestra Institución. Y, al respecto, quiero aclararle lo siguiente que Ud. debiera saber, atendida su alta investidura:
1. Los miembros del Ejército de Chile en retiro no “fuimos” oficiales o suboficiales. A diferencia suya, que será ministro mientras cuente con la confianza del Presidente de la República o termine el Gobierno, seremos militares hasta la muerte y nos despedirán como tales.
2. Es una falta de respeto advertir al personal retirado que “no ocupemos el Ejército de Chile para causas personales”. Esa es una ofensa. En mi carrera militar -que terminó hace algunos años- no conocí a ninguno que procediera como Ud. lo afirma, y la justicia resolverá como corresponde en aquellos casos que pudieran haberse apartado de esa línea. Por lo tanto, a título personal, no le acepto que “dispare a la bandada” como torpemente declara.
3. Nuestras causas siempre han sido las causas de Chile, y no me referiré intencionadamente al Gobierno Militar. El Ejército de Chile, el cual UD. pide que “cuidemos”, se cuida solo, con su historia, sus tradiciones, sus reglamentos y leyes, y el espíritu y entrenamiento de sus hombres.
Lo que les interesa a sus hombres por sobretodo es “cuidar a Chile” y estos viejos, a los cuales Ud. hoy pretende aleccionar, no dudamos un instante en la década del 70, arma al brazo en la frontera, frente a tres países, en las trincheras, respirando en vivo y en directo el aliento real de la guerra, estar dispuestos a no ceder un centímetro de nuestro territorio, protegiendo a todos los chilenos sin distinción y entregar nuestras vidas por ello, y quizás UD. ni siquiera lo supo y pocos chilenos conocieron de nuestro sacrificio.
Señor Ministro, los militares en retiro somos la experiencia y el cable conductor de la historia castrense, somos la madeja invisible que nadie conoce pero que nos une a nuestros camaradas activos a través de nuestros hijos, nietos, hermanos, descendientes, todos militares, creando la ligazón que entregamos a las actuales generaciones para que el Ejército siga siendo el Ejército de Chile; ni el “Ejército de Pinochet”, ni el “Ejército de la Dictadura”, ni el Ejército de ayer o el nuevo Ejército, como lo moteja fanfarrónamente un antecesor suyo, ex cadete y hoy “cucalón”, que se ufana, en cuanto medio de comunicación, en hablar de la Escuela Militar pero que no aprendió nada de la lealtad al Ejército.
Es el Ejército de Chile. El Ejército eterno.
No ofenda ni venga a dar lecciones a los viejos soldados.
Importantes sectores internacionales buscan el desprestigio y el quiebre del Ejército, y la campaña es fuerte.
Ahora usted es parte de las Fuerzas Armadas, de todas, activos y retirados... cuídelas. Es su misión.
Saluda atentamente a Ud.
General (R) Hernán Núñez Manríquez
miércoles, 31 de octubre de 2018
Galtieri iba a invadir Chile en 1982
Por Juan Ignacio Irigaray, Buenos Aires

El ejército argentino nunca consiguió el respaldo de la fuerza aérea.
Menéndez presumía de 'mear champán en el océano Pacífico'.
Por primera vez, un jerarca de la dictadura argentina (1976-1983) reveló que en 1982 el régimen militar planeaba la invasión del Chile de Augusto Pinochet, si llegaba a ganar la guerra de las Malvinas contra Gran Bretaña, que finalmente perdió.
El brigadier general retirado Basilio Lami Dozo confió, en una entrevista publicada este domingo por el semanario 'Perfil', que los militares argentinos "después de Malvinas, iban a atacar Chile".
Y recordó una arenga del entonces dictador y general Leopoldo Galtieri apenas ordenó la invasión militar de las Malvinas: "Que (los chilenos) saquen el ejemplo de lo que estamos haciendo ahora, porque después les toca a ellos".
Lami Dozo era por entonces comandante de la fuerza aérea. De 1979 a 1982 se reunió en secreto con jerarcas chilenos, incluso el dictador Augusto Pinochet en el Palacio de la Moneda, para negociar una solución a los diferentes limítrofes por el canal de Beagle y las islas Picton, Nueva y Lennox, en el Atlántico austral.
El plan
Ya el 22 de diciembre de 1978 los militares de Argentina y Chile montaron zafarrancho de combate en aquellas latitudes, pero la mediación del Papa Juan Pablo II frenó la guerra. Aunque en 1981, Galtieri volvió a las andadas cerrando la frontera en la cordillera de los Andes, paso previo al enfrenamiento.
"El ejército argentino tenía un grupo de 'halcones' y la armada estaba toda metida en la idea de la guerra, pero nunca consiguieron el respaldo de la fuerza aérea", relató Lami Dozo.
El ala más dura del ejército era dirigida por el jefe del III Cuerpo de Ejército, el general Luciano Menéndez, ultranacionalista y católico. A tal punto que alentó la guerra con Chile que alardeaba de sus planes para cruzar los Andes y llegar a Valparaíso para, jaleaba, "mear champaña en el océano Pacífico" a modo de celebración.
"A mí me parecía una locura total. Iba a ser una masacre y una guerra larguísima que costaría mucho dinero y vidas", opinó Lami Dozo.
La junta militar que encabezaba Galtieri era la tercera desde el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, que destronó a 'Isabel' Perón. Hacia 1982 el régimen empezaba a perder el apoyo de las clases sociales que habían homologado la barbarie del terrorismo de Estado, con su terrible secuela de 9 mil guerrilleros y opositores políticos desaparecidos.
Apenas tres días antes de invadir Malvinas, Galtieri mandó a reprimir ferozmente la primera manifestación de rechazo político y sindical, en la Plaza de Mayo. Sobre la calle quedó tendido el cadáver del obrero Dalmiro Flores, acribillado por paramilitares.
Así, acorralado por el principio del fin Galtieri dio el gran salto adelante con la 'Operación Rosario' de recuperar el archipiélago. "Las islas Malvinas son argentinas", anunció el 2 de abril.
Acababa de enviar 10.000 militares a ocupar el ramillete formado por dos grandes islas -Soledad y Gran Malvina- más 18 islotes, incluyendo Georgias y Sándwich del Sur.
Fin de la marcha 'imperial'
La guerra fue corta pero sangrienta. En poco más de dos meses, perdieron la vida cerca de mil personas (casi 700 argentinos y más de 200 británicos). El 14 de junio de 1982, se declara el alto el fuego y Argentina firma la rendición.
Galtieri tuvo que archivar el sueño de seguir su marcha 'imperial' invadiendo Chile. Y emprender la vuelta a casa, para que Argentina refundara la democracia el 10 de diciembre de 1983.
Finalmente, el 25 de noviembre de 1984 el gobierno democrático del entonces presidente Raúl Alfonsín convocó a un referéndum popular y se impuso el "Sí" a la firma de la paz con Chile y un acuerdo fronterizo definitivo.
Fuente: El Mundo
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